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Musica de yoga

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Que le pasa a nuestro cerebro al combinar música y Yoga

¿Qué tenía esa lista de reproducción bien seleccionada que se ajustaba tan bien al crescendo de tu práctica? La respuesta no es tanto acerca de la música, sino de la unión mágica de mente, cuerpo, respiración y ritmo.

Los innumerables beneficios físicos de una práctica regular de yoga se han estudiado extensamente, desde una mayor fuerza y ​​flexibilidad hasta una mejor circulación y por supuesto conectarnos completamente a nuestro “yo” como individuo. Los efectos que el yoga puede tener en el cerebro (como niveles reducidos de cortisol y una función cognitiva mejorada) mantienen a nuestras mentes primitivas regresando a nuestras colchonetas para obtener más y más. Si bien no todos los profesores de yoga usan música y todos tienen sus preferencias individuales, todos podemos estar de acuerdo en que hay poder para una lista de reproducción efectiva. E incluso si esa canción o compilación o mezcla por DJ nunca existiera en tu propia biblioteca de iTunes, no se puede negar que una lista de reproducción bien elaborada puede relajarnos a tal punto de sentirnos liberados y des estresados.

Vinculación de la respiración con el ritmo

Escuchar música y practicar yoga son actividades que a pesar de sus diferencias y orígenes son inherentemente similares: nos hacen sentir bien y mejorar nuestro bienestar. Ambos hablan el lenguaje universal del amor. La música es tan antigua como la raza humana y se ha mantenido constante a través de la evolución de la cultura dentro de nuestra especie. Y al igual que el yoga, diferentes experimentos y estudios médicos han dado a conocer que la música también tiene una enorme cantidad de beneficios tanto físicos como psíquicos.

Un meta análisis de 400 estudios en la revista Trends in Cognitive Sciences sugiere que la música puede disminuir la ansiedad y reducir el cortisol de manera más efectiva en pacientes a punto de someterse a cirugía que aquellos que tomaron medicamentos contra la ansiedad. Aunque se necesita más investigación, la ciencia ha comenzado a darse cuenta y a probar las propiedades medicinales de la música. Estudios recientes también han demostrado que la música puede permitir que una persona ingrese a lo que se ha reconocido ampliamente como un “estado de flujo”, un término acuñado por la reconocida psicóloga y autora Mihaly Csikszentmihalyi como un “estado óptimo de conciencia en el que nos sentimos mejor y realizamos nuestro mejor.”

Los músicos, artistas e incluso los atletas conocen desde hace tiempo el estado de flujo creativo, antes de que el fenómeno neurobiológico se abriera paso en los ámbitos empresarial y de autoayuda como una industria artesanal en auge para aumentar la productividad. Cuando se alcanza un estado de flujo, el cerebro pasa a un estado “límite” entre las ondas alfa, que se asocian comúnmente con el soñar despierto, la hipnosis por ejemplo. Eso significa que el cerebro pasa de disparar ondas cerebrales beta de mercurio que son parte de nuestra conciencia normal de vigilia, a desactivar temporalmente la parte de nuestra corteza pre frontal que se identifica con nuestro sentido del yo. En otras palabras, te has perdido al momento.

Usar el flujo para dejarse llevar por el momento

En una clase típica de yoga, nos acercamos a la idea de “fluir” como método para dejarnos “ir”, y olvidarnos de todo, de lo cotidiano, de los problemas, de las experiencias que nos generan estrés diaria y para conectar con nuestro cuerpo. Estamos en plena participación directa con la actividad en cuestión, y hemos entrado en el estado de flujo de Csikszentmihalyi. En su libro, Flow: The Psychology of Optimal Experience, Csikszentmihalyi escribe: “Las similitudes entre el yoga y el flujo son extremadamente fuertes; de hecho, tiene sentido pensar en el yoga como una actividad de flujo muy bien planificada. Ambos tratan de lograr una participación alegre y auto-olvidada a través de la concentración, que a su vez es posible gracias a una disciplina del cuerpo”.

La práctica del yoga tiene como objetivo principal el llevar al alumno o a aquel que la practica a un estado de meditación profunda, muy sensitivo en pos de mejorar nuestra percepción y nuestra psique. Podría determinarse que un estado de flujo es, en esencia, también un estado meditativo. Aunque los estados de flujo a menudo se describen como un compromiso activo en una actividad física o mental donde se experimenta alguna pérdida de tiempo, conciencia externa o sentido del yo, la disciplina de la meditación es de hecho bastante activa en la naturaleza, por muy simple que parezca.

Por ejemplo, cuando se recita un mantra simple, el meditador se centra, aunque sin esfuerzo, en ese mantra. El practicante logra entrar en lo que llamamos “flow” o estado de flujo, logra fluir a través de la conciencia y el cuerpo. Entonces, si es cierto que el objetivo de una práctica de yoga es la meditación, la gran variedad de beneficios que la meditación tiene para re cablear el cerebro a nivel celular, reconstruir la materia gris y alargar los telómeros para frenar el envejecimiento también podría considerarse beneficioso  una práctica de yoga que ha logrado inducir un flujo en aquel que la práctica.

Es comprensible entonces por qué los maestros vinyasa usa la frase común, “fluir” para instruir a un vinyasa, o por qué muchas clases de vinyasa se llaman clases de “flujo”. Vinyasa se puede definir como la conexión del movimiento a la respiración que transporta a un estudiante de una postura a otra con fluidez. Si la música como medicamento también puede considerarse como una meditación, ¿Por qué no incluir el yoga? y la música para trabajar juntos, para entrenar el cerebro y para alcanzar un estado de flujo y permanecer allí con el fin de llevarnos hacia una mayor realización.

Como dijo Mihaly Csikszentmihalyi en una conferencia TED de 2004, “Fluir es el secreto de la felicidad y hace que una vida valga la pena”.

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